Titulado y preparado oficialmente para la enseñanza de su idioma.
Con formación y experiencia específica en los perfiles de alumnos para los que se ha especializado.
Por supuesto, en situación laboral rigurosamente legal.
Supervisado y apoyado por un equipo de reconocidos especialistas.
Observado y evaluado en el aula de forma periódica y sistemática.
En proceso de actualización permanente mediante seminarios semanales de acualización profesional.
Entusiasta, motivado y... ¡simpático!.